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martes, 11 de marzo de 2008

Un perro que no cuida su casa



Alan García cree que los peruanos joden porque si, que protestan porque estan locos o "les meten ideas en la cabeza", que "no comen ni dejan comer". Plantea su lucha frente a las càmaras y periodistas amilanados por su presencia, contra lo que llama "la filosofìa del perro del hortelano", la enfermedad de la que segùn el estamos todos enfermos (y el tiene la cura) . No ha tenido pues mejor idea que obviar de nuevo nuestra dignidad y amor por lo nuestro , y en pro de la "inversiòn que traerà trabajo" ha creído conveniente hacer dueños a otros de las tierras nuestras de la selva. Planteò asi su brillante idea de convertir la "concesiòn" en "propiedad" y ofrecer en subasta pùblica las tierras forestales de la amazonìa. Pasó de "prestar" a "vender" y no contento con esto creyó necesario extender también la cantidad de tierra a ponerse en venta, dando pie asi a la deforestación y desprotegiendo nuestros recursos naturales de la manera mas extrema y peligrosa: colocándolos en manos ajenas. En cinco palabras señores: La selva se vende.

Se vende y el aviso clasificado dice: vengan inversionistas, acaben con los campos, manejen la tierra Peruana como si suya fuera, cambiamos las leyes para que se sientan bien, destruyan nuestro hogar como lo hicieron con la Oroya, vendamos todo como en bancarota, que ya de rebote nos caerá algo, que viviremos de los desechos de los que manejan la plata, si no podemos con nuestro país pues pongámoslo en venta, ya nos regalarán un trabajo en agradecimiento por abrir las puertas, confiemos en nuestro creciente porcentaje macroeconómico y en nuestro publicitado PBI, mientras es posible aqui morirse de hambre y las cifras que nos intentan vender no se reflejan en las mesas de las casas, ni en los cuerpos desnutridos de nuestros niños, ni en los sueldos de los obreros, ni en nada parecido.

Lucha así nuestro "presidente por descarte" contra el perro del hortelano que se ha inventado y que le muestra los dientes a diario, lucha en realidad contra sus propios errores, de la manera mas fácil, permitiendo todo y traicionando. Se queja de la jauría que protege lo que es suyo y que no es como el: un perro que no cuida su casa.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Paquetazo con alevosía

Por: César Lévano, director del diario La Primera, en edición de hoy.

Entre gallos y medianoche, durante el fin de semana, el ministerio de Economía ha descargado sobre la industria y la agricultura un paquetazo de rebajas arancelarias que va a arruinar la producción nacional. Es algo así como un adelanto de TLC; es una puñalada trapera cuyo autor intelectual es Alan García.La medida tiene la marca de fábrica antiagraria y antiindustrial del gobernante de turno.La decisión anunciada el sábado último en Palacio de Gobierno por el ministro Luis Carranza introduce una rebaja de aranceles en 4,200 partidas.El paquetazo brutal no ha sido consultado con los productores nacionales. Así lo ha precisado el presidente de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), Eduardo Farah, que anuncia que las medidas reducirán en 6% el empleo en la industria. Dicho en otros términos, se viene una nueva ola de despidos. El pretexto de las medidas es que con ellas se frenará la inflación y se reducirán los precios de los artículos alimentarios, entre otros el arroz y los productos lácteos, dos sectores ya amenazados de muerte por el TLC con Estados Unidos.El remedio va a resultar peor que la enfermedad, y expresa la sumisión del régimen de García al fundamentalismo neoliberal. Es la lógica desalmada que sostiene que el mercado lo resuelve todo y que no hay por qué proteger a la industria, la agricultura y la ganadería nacional.

Robert Reich, economista estadounidense que fue ministro de Trabajo en el primer gobierno de Bill Clinton, nos recuerda en su libro El trabajo de las naciones. Hacia el capitalismo del siglo XXI, publicado en 1991 y traducido al español por Javier Vergara Editor en 1993, que el desarrollo de Estados Unidos se logró gracias a los aranceles altos que se cobraban a la importación de productos extranjeros. “Hasta 1913”, precisa Reich, “el promedio de aranceles sobre las importaciones fue a menudo cercano al 50 por ciento, incluso más alto sobre el hierro, el acero, los tejidos de algodón y las lanas”.Cita el autor la actitud de Abraham Lincoln: “No sé demasiado acerca de los aranceles, dijo Lincoln con su característica manera campechana, pero lo que sé muy bien es que, cuando compramos bienes manufacturados a los extranjeros, nosotros nos quedamos con los productos y ellos con el dinero. Cuando compramos productos nacionales nos quedamos con ambas cosas”.Muchos dirán que esa es historia antigua, de mediados del siglo XIX. En efecto; pero eso mismo indica hasta qué punto están retrasados nuestros gobernantes. Sin omitir que el proteccionismo sigue de moda en Estados Unidos. ¿Qué otra cosa, si no proteccionismo, son las altísimas subvenciones que paga a su producción agraria, que amenaza con arrasar a nuestra agricultura y nuestras vacas lecheras?


El comentario del blog: Comenzaron las rebajas arancelarias para molestar a los productores nacionales, García quiere con esto "mandar al cacho" a los productores , que si bien han subido los precios mas de la cuenta, estan ya acostumbrados a recibir pocas ganancias y cero protección estatal, como sucede con los productores lecheros del norte del país por ejemplo.
El precio del pan ha subido también y eso pasa por importar tanto trigo. Tenemos terreno para producir el nuestro en cantidad y no lo hacemos. Podríamos tener un trigo de calidad y a buen precio y no queremos. Y entonces, friegan afuera, nos fregamos acá. El ministerio encargado y el ejecutivo sólo se limitan a "mandar al cacho" y no a desarrollar planes que nos ayuden a valernos de nosotros mismos. Algunos economistas despreocupados y relajados de billetera afirman que el TLC es beneficioso y oportuno, que el mercado "se arregla solo", y que los millones que gánara el país son contantes y sonantes. Los productores no piensan lo mismo. En la competencia que ofrece el libre comercio es ilógico pensar que el Perú y el país del tío Sam pueden competir de igual a igual. Estados unidos protege su producción e intenta en esa condición negociar con un Perú sin protector ni guía. Los de la plata por aquí se abren de piernas y como siempre, todo en manos de unos cuantos. Alto ahí, Hay que aprender a reconocer de una vez que nadie de afuera nos va a salvar.

viernes, 14 de septiembre de 2007

NO, "SEÑOR PRESIDENTE"

18 y 19 de Junio de 1986: Las fuerzas armadas al mando del entonces presidente Alan García, irrumpen en las cárceles de Lurigancho, El Frontón y Callao y ejecutan a la mayoría de los internos. Días después Rodrigo Montoya Rojas publica estas líneas en el Seminario Amauta. Hoy, a 21 años de la masacre la justicia no llega y en el colmo del cinismo, Alan García es nuevamente sonriente Presidente del Perú.

No, SEÑOR PRESIDENTE (Alan García)
(Sobre la masacre en los penales)
Seminario Amauta, 3 de Julio de 1986. Lima)
Por: Antropólogo y escritor Rodrigo Montoya Rojas

Hace unos meses, alguien me contó que le había visto a usted, señor presidente, con un uniforme de campaña, hecho a su medida. Pensé que se trataba de una broma de mal gusto, que no podía ser cierto. Por las fotos de usted en uniforme al día siguiente, en la primera plana de los periódicos, me di cuenta de mi error.

No sé si antes un presidente civil hizo en el Perú lo mismo que usted, pero una vez convencido de la verdad supe que usted tenía una enorme voluntad de demostrar a los militares y a nosotros los desvalidos civiles, su firme decisión de ser el Jefe.
Recuerdo también que el 29 de julio presidió usted una solemne ceremonia para recibir el bastón de mando y los jefes de las Fuerzas Armadas reconocieron en usted a su Comandante.

Estos dos recuerdos vienen a mi memoria ahora que pienso en los centenares de muertos de las cárceles en los días 18 y 19 de junio. Seguramente nunca sabremos cuantos fueron.
Pero sí sabemos que fue usted señor presidente, quien dio la orden. El responsable es usted. Probablemente no pensó que su orden sería cumplida con tanta ferocidad, pero de poco sirve saber si todos los presos murieron víctimas de la ferocidad o la dulzura y el bien matar de los victimarios. Están simple y desgraciadamente muertos.

Con el mejor ánimo de guardar su buena imagen afirmó usted en el Congreso de la Internacional Socialista que el gobierno defendía la democracia y la constitucionalidad del país.

Me resulta imposible admitir que la defensa de la democracia se haga a través de una masacre premeditada con alevosía y ventaja. Pensé que los versos de la Internacional cantados en la inaguración de ese congreso eran parte de algún programa sobre la Europa de los primeros veinte años de este siglo. Pero, lamentablemente, era otro error mío.

La prensa, interesada en guardar la buena imagen de Usted, señor presidente, afirmó que se trataba de una "rebelión". Por extraña coincidencia ningún reportero pudo llegar hasta las cárceles y sólo quedó el consuelo de los informes oficiales, las explicaciones oficiales y los silencios oficiales. Pensamos que los rebeldes habían combatido y que el número de bajas en ambas partes sería muy alto. En Lurigancho murieron todos los "rebeldes", se salvó un rehén y en las fuerzas del orden no hubo ningún muerto. En El Frontón se salvaron 28 ó 30; el resto murió.
¿Cuántos eran "el resto"? No lo sabremos. Cuentan las crónicas que allí en El Frontón si hubo un pequeño combate, pues los presos estaban armados con tres fusiles FAL y que habrían muerto tres o cinco marinos. Sin averiguar nada más, habrá un acuerdo unánime entre la gente sensata: se trató de un combate desigual: de un lado, soldados de elite de las tres Fuerzas Armadas: del otro, los presos, desarmados o con algunos fusiles. Permítame un recuerdo de infancia, señor presidente: cuando en los juegos del colegio se enfrentaban los Goliat contra los David, solíamos decir "Así cualquiera...".
Tampoco sabremos nunca cuántos presos habían en las cárceles, cuántos estaban condenados, cuántos sin proceso y cuántos inocentes. Por la historia de la injusticia en el pais sabemos que los condenados eran pocos y muchos los inocentes y los sin juicio. Lo común entre ellos era la condición de "terroristas" atribuida por las fuerzas del orden. En los últimos tiempos, muchos "demócratas" sedientos de sangre pidieron la pena de muerte; otra vez, como en muchas ocasiones del pasado. Hoy, ganaron la batalla mas rápidamente de lo que esperaban, porque todos los presos acusados de terroristas han sido condenados a muerte, señor presidente. Sin juicio ni abogados, de modo sencillo y expeditivo. Los que nos oponemos a la lógica feroz del ojo por ojo y diente por diente, perdimos la batalla, pero el combate por los derechos humanos continúa.
Permítame, señor presidente, insistir otra vez en una idea que me parece escencial para la política peruana: no es lo mismo un gobierno civil que una democracia. El gobierno civil puede ser parte de la democracia, pero no es suficiente. He escrito muchas veces que lo escencial de la democracia es el respeto por los derechos de ciudadanas y ciudadanos. En este caso preciso que enluta al país, que ensangra nuestra historia y ensombrece el futuro, olvidó, señor presidente, que los presos tienen algunos derechos y los familiares todos los derechos. Tenemos todos los ciudadanos el derecho de enterrar a nuestros muertos. El último adiós entre flores y crucifijos forma parte de la cultura peruana; sin embargo, he leído con horror que el entierro de los centenares de muertos se está haciendo en forma clandestina en Huacho, Chaclacayo, Callao y otros cementerios.

El gobierno tiene derecho a defenderse, por supuesto. Hubiera sido muy sencillo cortar el suministro de comida y agua, lo que no deja de ser también otra forma de violencia. Hubiera sido fácil trasladar poco a poco a los presos a otras cárceles, para evitar que se reúnan y fortifiquen con la venia del poder.

La violación espantosa y los derechos humanos están otra vez en juego. No está en discusión si los senderistas tienen razón o no. ¿De qué democracia hablamos, señor presidente, si hay que matar a todos los opositores?

El mundo no se divide en buenos y malos. Soy un simple intelectual peruano que se niega a aceptar la lógica del general Cisneros. Si contamos aún con reservas morales en el Perú, debemos hacer lo necesario para evitar definirnos de un lado o del otro en la violación de los derechos humanos. Hubo otro tiempo en el que la izquierda apeló a la violencia para alcanzar su utopía sin renunciar al romanticismo revolucionario sino, por el contrario, para afirmarlo. Era la época de los guerrilleros justos y justicieros, incapaces de liquidar a un campesino o de liquidar a un prisionero. Po razones que no alcanzo a entender, Sendero Luminoso representa en el Perú el ejercicio de la violencia indiscriminada y no sé si tiene un nuevo romanticismo o no. Hace años, escribí en la revista Sociedad y Política: "No se defiende a los campesinos matando campesinos". Esta sola razón es suficiente para no compartir las tesis de Sendero y, también al mismo tiempo, para recordarle algo fundamental, señor presidente: no se defiende a la democracia con masacres premeditadas y entierros clandestinos.

Horas sombrías se ciernen sobre el Perú, señor presidente, si seguimos por esa pendiente. Usted ha conseguido lo contrario de lo que buscó: hoy la democracia entendida como gobierno civil es mas frágil que ayer y su imágen, señor presidente, fuera y dentro del país no será nunca más la misma. El responsable es usted. (22 de Junio, 1986)

Tomado del libro "Elogio de la antropología" de Rodrigo Montoya Rojas